Cómo saber si estoy desconectada de mi esencia

 ¿Qué es la esencia?

Según mi experiencia, diría que la esencia es nuestro yo más real, nuestro yo más puro, más limpio. Y no necesariamente tenemos que saber quiénes somos, porque independiente de ello, nuestra esencia sigue ahí, latente, esperando a que seamos fieles a ella, es decir, a nosotros mismos.

Y quizá ahora estés pensando: yo ya sé quién soy. Pero déjame decirte que desde bien pequeños nos vemos influenciados por nuestras vivencias, relaciones, cultura… Y nuestro yo más puro acaba viéndose alterado. Y lo más probable es que nos acabemos identificando con aquello que pensamos o sentimos. Y justamente eso es nuestra identidad, que no es lo mismo que esencia.

Podemos creer que eso es lo que somos, sin tener en cuenta que quizá eso es lo que han querido otros que seamos. O sin tener en cuenta que quizá el ser de determinada manera, por ejemplo: vergonzoso, en algún momento de nuestra vida nos ayudó, nos sirvió para construir nuestra identidad. Pero vuelvo a repetir, se trata de eso, de nuestra identidad.

“Mira la esencia y no las apariencias”

Me gusta imaginar a nuestra esencia como nuestro propio hogar. Un hogar donde nos sentimos tranquilos y en paz, donde no existen los miedos ni las inseguridades. Y lo mejor de todo, es que es un hogar portátil, va contigo allá donde vayas. Puedes mostrarte seguro y auténtico en cualquier situación y ante cualquier persona. Porque cuando conectas con tu esencia sabes que los juicios, la vergüenza, los pensamientos negativos, no te pertenecen.

Señales que me indican que estoy desconectada de mi esencia

Son muchos los signos que nos pueden indicar que estamos desconectadas de nosotras mismas. Pero los más relevantes son los síntomas. Sí, los síntomas que aunque en muchas ocasiones nos asusten o nos incomoden, son aquellos que al mismo tiempo nos ayudan a que pidamos asesoramiento a un profesional o a que indaguemos más sobre lo que nos está ocurriendo.

Los síntomas pueden ser varios:

Ansiedad: un síntoma que suele asustar mucho ya que nos hace creer que estamos perdiendo el control sobre nosotras mismas. Nos falta el aire, se nos encoge el corazón y sentimos un incómodo cosquilleo en los brazos, manos y piernas, entre otros.

Y es normal que nos asustemos y queramos luchar contra ella. ¿Pero sabes? Ésta es una lucha perdida, porque sería luchar contra ti misma, y la verdad es que eso suena algo absurdo. Así que lo único que podemos hacer ante la ansiedad es aceptar que ha venido para avisarnos de que estamos desconectadas de nuestra esencia y por lo tanto, indagar sobre qué podemos hacer para ser más auténticas.

Decaimiento anímico y tristeza prolongada: es un indicador de que no estamos escuchando a nuestras necesidades más básicas y nuestro cuerpo nos lo comunica así. Por supuesto que influyen otros muchos factores, pero uno de ellos, es que estamos desconectadas de nuevo con nosotras mismas, con todo aquello que somos.

Comer compulsivamente: nuestro cuerpo vuelve a hablarnos con estas ganas tremendas de llenar nuestro estómago. Pero ¿es realmente nuestro estómago el que debemos saciar?

Si la comida tiene demasiado peso en nuestra vida y nuestros pensamientos giran en torno a ella, muy probablemente sea porque nos sentimos frustrada de no ser o hacer aquello que creemos sería lo correcto.

Nuestra realidad no se asemeja con nuestro ideal y nos llenamos de exigencias, de control y de perfeccionismo. Porque nos identificamos con aquello que pensamos, que sentimos, que queremos. Nos identificamos con nuestros éxitos, fracasos, y eso agota y deja un vacío enorme que debemos llenar.

Mi propósito
  • Busca un lugar tranquilo, en el que puedas estar contigo misma y desapégate de lo que crees que eres (tu identidad). Identifica los “Yo soy…” “Siempre he sido…” “Me enfada…” “No me gusta…” Haz una lista de todos ellos y abandona la idea de que te pertenecen. Conecta con la idea de que todo eso ha sido aprendido. De que tus miedos, tus frustraciones, tus enfados llegaron a tu vida en un momento determinado pero que no son parte de tu esencia.
  • Una vez hecha esta reflexión, rompe la lista, toma conciencia de tu respiración y del crujir de la hoja, siente como todos esos “Yo soy…” se van desapegando poco a poco de ti.
  • Ahora, vuelve a realizar otra lista, esta vez, de aquello que crees que eres. Aquello que te diferencia de los demás, sean virtudes o defectos. Aquello que te hace diferente, te hace única. Tómate un rato para conectar con esa niña interior, ¿qué era lo que te gustaba hacer de pequeña? ¿Qué cosas te hacían feliz? ¿Qué es aquello que nunca cambiarías? Quizá te resulte difícil responder a estas preguntas, te aconsejo que te dejes llevar por tu intuición y que no juzgues sobre si aquello en lo que piensas y sientes es o no cierto, tómatelo como un juego.

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