¿Hambre de espiritualidad?

Y si bien la primera es imprescindible para nuestra supervivencia, el hambre espiritual, de lo que hoy quiero hablaros, es imprescindible para darle un sentido real a nuestra vida.

Se pasan los días: mismas rutinas y de un lado para otro dando tumbos. Con las mismas obligaciones de siempre y sintiendo que la vida pasa sin haber hecho grandes cosas.

Y si ésta sensación se alarga durante mucho tiempo, podemos entrar en un bucle del que puede resultar díficil salir y ser  fuente de sufrimiento.

Podemos creer que lo tenemos casi todo: familia, amigos, trabajo, salud... pero aún y así hay algo que sentimos que falta, existe un vacío que necesitamos llenar.

Y aquí es cuando la comida se convierte en nuestra aliada: llenando aquellos vacíos que existen en nuestro interior. Y sí, mientras comemos sentimos un leve alivio, pero tan sólo se trata de eso, de un leve alivio con consecuencias que no nos benefician ni a corto, ni a largo plazo.

¿Qué no implica necesariamente ser espiritual?
Ser espiritual no implica tener que creer en ningún Dios, ni tener que rezar, ni mucho menos implica tener que ser el gurú o la guía de nadie. Ser espiritual no implica hacer yoga, ni vestir de una determinada manera, ni tener que ir siempre sonriendo allá donde vayas. Tampoco implica tener que vivir alejado de la ciudad, meditar cada día y tener una familia perfecta. Y aunque todo lo mencionado anteriormente pueda ser maravilloso, tan sólo digo, que ser espiritual no implica necesariamente todo eso.
¿Qué implica ser espiritual?
Antes de nada, me gustaría recalcar que lo importante es vivir realmente la espiritualidad y no aparentarla. Y para ello, deberás iniciarte en un proceso de búsqueda personal y en el camino a ello, lograr momentos genuinos de conexión contigo misma. La espiritualidad implica potenciar al máximo lo que ya reside dentro de nosotras: nuestra esencia. Implica caminar, sentir y experienciar acompañados de nuestra conciencia. Implica comprender que más allá de nuestro trabajo, profesión, roles, éxitos... hay un espacio más profundo que requiere de nuestra atención y que nos acompañará durante toda nuestra vida. Implica darse cuenta de que lo importante no es lo que hacemos, sino lo que estamos siendo en cada momento. Implica conectar con el sentido de la vida. Darse cuenta de que estamos aquí para ser y no solo para hacer. Implica ser conocedoras de que tenemos un propósito en esta vida. Y si todavía no lo conocemos, buscarlo con paciencia y calma hasta hayar la respuesta. Implica caminar siempre acompañadas de amor. Un amor que está presente en todo aquello que percibimos y creamos.
Mi propósito
Reflexiona sobre tu propósito de vida. Puedes empezar haciéndolo respondiendo a éstas preguntas.
  • ¿Qué te inspira?
  • ¿Qué te gusta hacer? ¿Qué te apasiona? ¿En qué eres única?
  • ¿Qué es lo que necesitamos de ti?
  • ¿Cómo se transforman las personas como resultado de lo que tú decides compartir con ellos?
  • ¿En qué inviertes tu tiempo libre?
  • ¿Sobre qué te encanta aprender y hablar? ¿Qué harías gratuitamente?
  • ¿Qué despierta tu creatividad?
   

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