Recuperando mi esencia

Mi nombre es Montse. Mi vida, hasta la actualidad, ha sido “servir” y ser “utilizada” por la gente, en general, y por personas muy allegadas a mí, en particular. Todos estos años, desde que tengo uso de razón, han transcurrido invertidos en “proveer” de las necesidades que los demás tenían y de generar su felicidad; en pocas palabras, vivir la vida de los demás, o, dicho de otra manera, que los demás vivan su vida gracias a la mía. Yo nunca he sido dueña de mis decisiones; nunca me he preguntado qué quiero realmente y que no; no hay ni un solo momento de mi vida en el que no estuviera “enganchada” a otra persona. Tal ha sido el tema, que acabé, entre otras cosas, viviendo con mi madre, a pesar de tener más hermanos, cuidándola y dándole todo lo que necesitaba a todos los niveles, sin tenerme en cuenta a mí para nada. Ni ella, ni nadie. De tal forma, que no me separé de ella ni un solo día en los 45 años que tengo. Y ahora veo lo que era lo más importante: yo misma! Esta situación originó que entrara en depresión, sufriera ataques de ansiedad y, lo peor, empezara a tener trastornos alimenticios; cada vez que me sentía mal, que tenía una pelea con alguien, o hasta el punto, de por aburrimiento, me hartaba de comer sin control. Ahora creo que, en parte lo hacía para saciar todo ese vacío que tenía, y en parte como autocastigo porque me sentía culpable de todo lo que pasaba a mi alrededor  y de todo lo que me pasaba.
He engordado más de 50kg en dos años.
Hace unos meses, mi madre falleció, y de repente todo se me vino abajo. No sabía estar sin ella (había creado una dependencia total y absoluta); no sabía hacer otra cosa que no fuera trabajar y cuidarla; me sentía rabiosa, dolida, frustrada e, incluso, con ganas de venganza, contra todo el mundo, y principalmente, contra mis hermanos que me dejaron totalmente sola ante toda la situación durante años. Culpable por la muerte de mi madre, con un sentimiento brutal de que todo había ocurrido por mi culpa y por no haber hecho lo suficiente (en los últimos años, sólo tenía en mi cabeza el estar sola y poder tener un momento de tranquilidad, pero cuando eso ocurrió me sentí mal ya que lo quería, pero no de esa forma). Todo esto desembocó en ataques de ansiedad brutales en los que parecía que se me iba la vida, en una depresión profunda y en sufrir vértigos físicos. Llegué a tal punto, que ya sólo tenía en mi cabeza el desaparecer del mundo (total daba igual porque yo no iba a perder nada, y el resto del mundo estaba claro que tampoco. Es más, en un momento determinado, hasta te planteas desaparecer para que los demás se enteren de tu existencia y, en alguna medida, sufran por tu pérdida. Me derivaron de urgencia a psiquiatría e, incluso, mi cuadro médico se planteó el ingresarme. En medio de todo este caos, tanto personal, como médico, tuve la gran suerte de que el destino pusiera en mi vida a Marta (lo mejor que me ha pasado nunca y a la que le debo, literalmente, la vida). Empecé terapia con ella; primero tuvimos que trabajar el bloqueo que sentía con el fallecimiento de mi madre para poder “atacar” todo lo demás y que era, realmente, lo que me estaba “matando” (la muerte de mi madre en sí fue “lo de menos”; tan sólo fue el botón que puso en marcha todo el mecanismo). Marta insistía mucho en que tenía que desarrollar mi parte observadora; sinceramente, yo no la entendía al principio o, mejor dicho, no tenía claro para qué servía eso. Ahora ya lo sé! Ese empezar a observar, hizo que empezara a entenderme y a entender muchas cosas. Lo principal y más importante, y que creo que es el “secreto” de todo, es la comunicación con uno mismo desde el respeto, la humidad y, sobre todo, la sinceridad. Vi mi propia vida como un espectador va al cine a ver una película; repasé punto por punto todo lo que había vivido y empecé a hacerme preguntas al respecto sin miedo a las respuestas y dispuesta a aceptarlas.
El secreto de todo, es la comunicación con uno mismo desde el respeto, la humildad y, sobre todo, la sinceridad.
Por regla general, todos “hablamos con nosotros mismos” pero no somos sinceros; cuando nos preguntamos algo y vemos que la respuesta que vamos a dar no nos gusta, nos mentimos, nos auto-engañamos y disfrazamos la realidad para que no nos haga daño. Lo peor de todo es que, justamente lo que nos hace daño de verdad, es ese engaño y ese “tapar” la realidad ya que nos priva de ser nosotros mismos y de nuestra felicidad. Gracias a todo esto, ahora estoy en un nuevo camino; el auténtico camino que me hace saber qué significan en todo su sentido palabras como FELICIDAD, DISFRUTE, DECISIÓN. Toda mi vida la pasé pensando que si los que estaban a mi alrededor eran felices y estaban bien, yo también lo era; qué gran mentira!!! Ahora he descubierto que sólo nosotros mismos podemos crear nuestra felicidad y mantenerla. Actualmente, yo decido lo que hago, cuándo y cómo en función de cómo estoy/siento en ese momento; disfruto de todo lo que hago a diario, desde levantarme por la mañana, a trabajar, comprar, limpiar, o quedar con amigos. Me dedico un rato, casi a diario, a estar conmigo misma y a disfrutar de eso (escucho música y bailo como una loca por casa, pinto mandalas, hago puzles, bordo, me siento y simplemente respiro de una forma consciente). Y algo muy importante, yo decido con quién quiero interactuar y pongo mis límites; ya no acepto en mi vida gente “tóxica”. Montse Ahora distingo todo lo que me pasa y mis sentimientos y ello me produce una felicidad incomparable. Cuando lloro, río, grito, canto, sé por qué lo estoy haciendo y eso no tiene precio!. Tomo decisiones mucho más rápido y sin dudar ya que estoy conectada las 24 h conmigo misma. Ya no vivo ni el pasado, ni el futuro, estoy sencillamente en el presente, en el aquí y ahora, sin preocuparme de nada más. He borrado palabras de mi vocabulario como enfado, rabia, discusión, aunque la otra parte (con la que esté interactuando) lo esté o lo busque. Siento que, pase lo que pase a mi alrededor y con la gente que me importa y quiero, no tengo por qué dejar de ser feliz. La gente que me ha conocido desde siempre, o desde hace mucho tiempo (amigos, compañeros de trabajo), me dicen que estoy diferente, que soy como una flor que florece en primavera con todo su esplendor; que hablo y me comunico de otra manera; que estoy más receptiva; empatizo más con la gente. Y la verdad, que es así como me siento. Un gran amigo, conversando un día sobre todo esto y mi actual proceso, me preguntó qué diferencia había entre el hacer lo que uno siente y el egoísmo. Y yo le pregunté: ¿soy más “egoísta” yo por hacer lo que es coherente conmigo misma? ¿o la persona que sólo pretende que yo haga lo que le interesa para su propio beneficio (felicidad) sin tener en cuenta lo que yo quiero o siento? Desde mi parte observadora, me he dado cuenta que, consciente o inconscientemente, utilizamos mucho el juego psicológico para conseguir de las personas lo que queremos para nuestro propio beneficio. De ahí que sea tan importante saber qué queremos y cómo, para no entrar en ese juego, que es el que genera, en parte, nuestras inseguridades, nuestra infelicidad. No creo ser egoísta por “robarle” al mundo un rato de mi día a día para dedicarlo en exclusividad a mí; no creo ser egoísta por decidir lo que quiero o no en cada momento. Nunca he dicho que la gente, en especial las personas más cercanas, no me importen; no he dicho que si alguien necesita lo que sea no pueda contar conmigo; no he dicho que no quiera saber nada de nadie, pero cuando no hacemos lo que los demás quieren somos tachados de esto y otras cosas. Ahora soy una gran amiga de la anterior Montse que me ha enseñado, aunque parecía todo lo contario, a sentir y a percibir como lo hago ahora y a la que estoy tremendamente agradecida por el camino que ha recorrido para que yo ahora sea así.
Soy, incluso, amiga de la ansiedad, la cual vive junto a mí y sólo entra en acción cuando precisa avisarme de algún peligro para que esté alerta.
luego vuelve a dejarme para continuar con mi vida. Sé que me queda mucho camino por recorrer y que esta “lucha” que he iniciado estará en todos los días del resto de mi vida, pero es tanto lo que recibo a cambio que merece la pena llevarla a cabo. Cuando uno ya no quiere seguir existiendo, o no se preocupa de salir de ese estado es porque cree que lo que le espera es más de lo mismo (lo anteriormente vivido), pero la realidad es otra; todo lo que se ha vivido hasta ese momento ha sido mentira. A día de hoy doy gracias por no haber tirado la toalla definitivamente y haber resurgido cuál ave fénix porque, realmente, la única que hubiera salido perdiendo, habría sido yo. El resto del mundo hubiera continuado con su vida y me habría perdido todo lo que estoy viviendo y todo lo que me queda por experimentar y vivir que, sin duda, será mucho. Y me hará crecer cada día más como persona, como YO MISMA, COMO ESENCIA.