Perdí la cuenta…

Perdí la cuenta de todas las malas decisiones que tomé. Perdí la cuenta de todos mis fracasos. Perdí la cuenta de todas las veces que me sentí culpable por ser yo misma.
Perdí la cuenta de todas las ocasiones en las que me hablé injustamente. Perdí la cuenta de las veces que no arriesgué por miedo a la incertidumbre. Perdí la cuenta de todos los momentos en los que me arrepentí por no arriesgar. Y perdí la cuenta de las veces que no fui yo con tal de agradar a otros.   Perdí la cuenta porque lo acepté y me liberé. Perdí la cuenta porque asumí que la vida no cambia porque sí, que yo no cambio porque sí. Todo fue necesario para ser quién soy y saber quién quiero ser. Fue necesario para aprender y reaprender.   A veces caemos de boca, otras de pie. No importa cómo caigas, sino cómo te levantas. Ama, vive, arriesga, cáete, levántate y vuelve a amar. Ámate, ámate mucho.

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