Alimenta tu Esencia | ¿Evitando el dolor?
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¿Evitando el dolor?

El dolor duele. Es lo que tiene el dolor. Y lo que tiene el ser humano son muchas estrategias para no enfrentarse a él, para evitarlo, para negarlo. Y suele funcionar, pero solo a corto plazo, y en vez de dolor, que duele, se convierte en sufrimiento, que duele, pero no tanto. ¿La pega? Que el sufrimiento puede durar toda una vida, pero el dolor, cuando le miras de frente, se acaba yendo. Antes o después, se acabará yendo.

El dolor es inevitable. Es lo que tiene el dolor. Que por mucho que miremos hacia otro lado, es como si siempre estuviera ahí, como si se convirtiera en nuestra sombra invisible. No lo podemos ver, pero presentimos que está ahí. Cerca, observándonos. Acechándonos, esperando el momento perfecto para hacerse notar. Y es entonces cuando activamos nuestras artimañas para no tenerlo que sentir en todo su esplendor.

Nadie quiere sentir dolor, ni anhelo, ni tristeza.

Pero perder a un ser querido duele, una despedida duele, un desprecio duele, una equivocación duele, las injusticias duelen, el corazón, a veces, duele… Y como ya sabéis, el dolor es inevitable.

“El sufrimiento es igual al dolor multiplicado por la resistencia” Shinzen Youn.

Cómo saber si utilizas estrategias para evitar el dolor

Existen diferentes mecanismos por los que podemos escabullirnos del dolor y aparentar así que todo está bajo control.

  • Evadir

¿Llegas a casa después de un mal día de trabajo y comes compulsivamente?

¿Discutes con tu pareja y en vez de hablar con él/ella te conectas a las redes sociales?

¿Te sientes sola y bebes cada noche 2 o 3 o 4 copas de vino?

Si te has sentido identificada al leer estas preguntas, probablemente es porque hayas utilizado en alguna ocasión esta estrategia. ¡Y no tienes por qué alarmarte! Ya que utilizarlo esporádicamente puede ayudarnos, siempre que tomemos conciencia de ello.

¿Pero qué pasa si utilizamos siempre la misma estrategia? Si la usamos como nuestro principal recurso para no sentirnos mal o incómodos con nosotros mismos, cada vez seremos menos capaces de manejar nuestro malestar de otras formas más adaptativas. Y por lo tanto, el sufrimiento será nuestro compañero de viaje.

  • Culpar a otros

Si buscamos culpables que justifiquen todas nuestras angustias, puede resultar mucho más fácil para nosotros, puesto que de alguna manera “nos lavamos las manos”. Y ésta es una trampa muy peligrosa en la que todos podemos caer sin apenas darnos cuenta.

¿Estoy mal en el trabajo? la culpa es de mi jefe.

¿He roto algo? la culpa es de que el gato se puso en medio.

¿Llevo tiempo sin ver a mi mejor amiga? la culpa es suya porque anda muy ocupada en su nuevo trabajo.

Y ya sé que muchas veces las personas hacen cosas que nos dañan, o actúan de maneras que no nos gustan, pero deberíamos reflexionar en cómo estamos nosotros influyendo con nuestra conducta a dicho comportamiento, y no sólo señalar con el dedo. Aunque, eso, pueda aportarnos una falsa seguridad.

  • Culparnos a nosotros mismos

Esta estrategia nos mantiene igual de estancados que la anterior. Puesto que no se trata de aceptar nuestro error y soltarlo, sino más bien se trata de un juicio continuo hacía nosotros mismos.

¿Por qué no la defendí?” “¿Por qué no le dije que condujera más despacio?”

“¿Por qué, por qué, por qué?” !!!!&%!!!

Y podemos continuar lamentándonos de por vida, con tal de no responsabilizarnos del momento presente, del aquí y ahora y centrarnos en todo lo que sí podemos hacer.

  • Sentir lástima de nosotros mismos

Esta es otra manera de continuar estancados en nuestras vidas. Y es que si siento lástima de mí mismo, implica que no tengo que hacer frente a lo que está sucediendo en mi vida, porque…

¡Pobrecito de mí!

Y ante cualquier situación desagradable que me ocurra, iré corriendo a compadecerme de mí, porque al menos, esa es una emoción que siempre está conmigo y que nunca me falla. Porque al menos, así alguien se compadece de mí.

Mi propósito

Identifica durante estos próximos días si utilizas alguna de esta estrategia: evitar, culpar al otro, culparte a ti mismo o sentir lástima de ti.

Tanto si identificas la estrategia en el mismo momento en el que lo estás utilizando, o bien, más adelante al reflexionar, escribe sobre ello y responde a estas preguntas:

  1. ¿Qué pasó?
  2. ¿Cómo influiste tú para que eso sucediera?
  3. ¿Qué hiciste para que cambiara la situación?
  4. ¿Qué puedes hacer ahora?

Siempre que identifiques que estás evitando el dolor, responde a estas preguntas y obtendrás mucha información sobre cuáles son tus emociones reales, qué mecanismos utilizas para librarte del dolor y qué es lo que puedes hacer tú para ser coherente con lo que sientes y necesitas.

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